domingo, 23 de marzo de 2008

Una laboriosa logística ASCENDER UN OCHOMIL en el Himalaya

La logística de las expediciones que suben los ochomiles del Himalaya es más complicada de lo que parece. Uno de los aspectos más laboriosos del equipo compuesto por 3 expedicionarios: Pauner, Pérez y Alejandre que afrontará desde el proximo 24 de marzo el Dhaulagiri y el Everest es la recogida y distribución de todo el material común y personal junto a la comida en bidones y su posterior envío al Nepal en un cargo aéreo.

Pauner, Pérez y Alejandre mandaron hace tres semanas a Katmandú un cargo aéreo con 22 bidones y 575 kilos para su inminente expedición al Dhaulagiri y el Everest.

A ellos se unen otros tres bidones de Alberto Sanmartín, que en abril intentará subir el Cho Oyu. "Tres semanas antes de salir, juntamos todo ese material en un almacén. Nos lo cedió Alberto Sanmartín" indica Javier Pérez, que ha organizado todos los envíos.

El material se manda en un servicio de cargo aéreo. "Usamos unos bidones gigantes de 150 litros de productos químicos. Son muy duros, tapan herméticamente y resisten muy bien los golpes y se pueden cerrar con candado. Son de plástico. Si llueve, no se mojan".

A esos 575 kilos que se mandaron previamente a Katmandú, se unen los dos bidones por cabeza con material personal con los que Pauner, Pérez y Alejandre saldrán este lunes desde el aeropuerto de Zaragoza. "Allí introduciré mi saco, mis botas, mi mochila, mis zapatillas de deporte, mis crampones, trajes de gore-tex, mi piolet, mis chancletas, camisas interiores, mi neceser, el buzo de plumas, las zapatillas de treeking, las botas de altura, el forro polar... ", explica Javier Pérez. También llevará el material de fotografía y grabación y el teléfono satélite.


Material común

En el cargo aéreo que voló hace tres semanas estaba el material común. Allí van las palas de nieve, la cuerda fija, herramientas, clavos de roca, tornillos de hielo, estacas... Hay que llevar las tiendas de campaña de altura, los sacos de dormir, las colchonetas, los pucheros y los hornillos.

También se mandaron previamente los caprichos gastronómicos. "Nos llevamos aceite de oliva, vinagre, unas cuantas mazas de jamón, chorizo, longaniza, queso, unos cuantos zumos de fruta, mucho laterío (mejillones, berberechos, sardinas en tomate y en aceite, pulpo...). Llevamos vino de Cariñena y bacalao seco". El embutido se ha embasado al vacío. "Sanmartín es profesional de la hostelería y nos consiguió todo lo de carnicería cerrado al vacío".

Los aragoneses han compensado los pesos de los bidones para que todos tengan aproximadamente 25 kilos. "Eso facilitará la labor de los porteadores en su traslado al Campamento Base. Hay bidones con esterillas aislantes. Al no pesar apenas, se iguala con latas, pilas...". En Pakistán, los porteadores llevan 25 kilos y en Nepal, hasta 40 kilos.

Todas estas operaciones del envío de los cargos y el montaje de la infraestructura que llevará a los tres expedicionarios al Campamento Base la organiza la empresa Tamsherku. "Es una agencia de turismo que se dedica sólo a expediciones. Recogieron en Zaragoza el material y estará a punto de llegar a Katmandú. Allí tienen un gran almacén donde reciben las cargas aéreas de las expediciones", dice Pérez. El cargo sigue el trayecto desde Madrid vía París, Islamabad, Karachi y de allí a Katmandú. Se realiza con la compañía pakistaní PIA International Airwais. "Sin embargo, nosotros vamos con Aeronia de Zaragoza, a Madrid, Doha y Katmandú", apunta Javier Pérez.

El coste del envío es de tres a seis euros el kilo. El total alcanza los 3.000 euros y Tamsherku cobra por cabeza 3.000 euros por organizar la expedición al Dhaulagiri. "El Everest supone el doble de gasto".

Al material que se envía desde Zaragoza, la agencia añade la comida de Campo Base que se compra en Katmandú. Consiste en pasta, arroz, las lentejas, patatas, algo de carne, verduras, fruta, huevos..."También las tiendas del Campamento Base, la tienda comedor, la tienda cocina, ducha y retrete". La agencia también proporciona el cocinero, sus ayudantes y los porteadores. Desde el inicio de la aproximación al Campamento Base, una hilera de, al menos, medio centenar de porteadores, llevarán unos 60 bidones de los aragoneses.


Pérdidas

Un problema grande que puede surgir en Katmandú es la pérdida inopinada de alguno de los bidones. "Si se pierde alguno, la responsabilidad es de ellos y el problema es para ti. Si se pierde un bidón personal, te has metido en un lío. En el 2005 se me perdió en el Everest un material que nunca a aparecido. Si viajas mucho, al final extravías cosas".

En el envío del cargo aéreo, los montañeros proporcionan una documentación donde se define el contenido de cada bidón con un número. "Al llegar al Campo Base, organizamos los bidones. Los personales nos los llevamos a la puerta de nuestra tienda y los de cocina en la tienda comedor alrededor de la mesa", explica.

Todos los candados de los bidones tienen la misma llave. "Sería un cachondeo tener 22 bidones y 22 llaves. No nos apetece imitar al Gran Houdini intentando abrir un bidón por la noche y a 20 bajo cero"

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